Si fuera posible,sirvamonos la empanada,bien caliente,bien
caldua,bien picante,
debajo del parrón,sentados en enormes piedras,recordando
y añorando lo copretérito y denigrando a los parientes,
cacho a cacho de cabernet talquino,
y la sopaipilla,lloviendo,con poncho,completamente mojados,
entre naranjos y guitarras,acompañados del cura párroco y
borrachos.
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